La clasificación de carcasas bovinas es mucho más que un requisito administrativo. Es una herramienta técnica que ordena el comercio, aporta información objetiva a la cadena y ayuda a alinear la producción con lo que demandan los mercados. Aunque cada país tiene su propio sistema de clasificación y tipificación, la mayoría comparte criterios comunes: primero se identifica la categoría del animal (según sexo y edad) y luego se evalúan atributos de la canal vinculados a su conformación carnicera y su estado de engrasamiento.
En esta nota, docentes de AgroGlobal explican los principales parámetros de clasificación de carcasas bovinas, con foco en el sistema utilizado en Argentina: qué se mide, cómo se interpreta y cómo esos resultados condicionan el destino comercial de la media canal, desde exportación hasta manufactura.
De qué hablamos cuando hablamos de “clasificación” y “tipificación”
En términos simples, la clasificación es el primer filtro: se ordena cada media canal en función de sexo y edad. Estos parámetros definen la categoría del animal, del mismo modo que ocurre en el campo durante la producción. Dentro de las categorías más frecuentes se incluyen: ternero/a, novillito, vaquillona, novillo, vaca y toro.
La tipificación, en cambio, profundiza la evaluación tecnológica y comercial de la media canal. En Argentina, comprende principalmente dos dimensiones:
- Conformación carnicera, que refleja perfiles, tamaño y distribución de las masas musculares (es decir: “cuán carnicera” es la canal).

- Engrasamiento, que representa el nivel de deposición de tejido adiposo, especialmente la grasa subcutánea o de cobertura.
Ambas variables no solo describen cómo es la canal: también ayudan a anticipar rendimiento, presentación de cortes y preferencia de mercados.
El peso de la media canal: por qué es una variable estratégica
El peso es otro parámetro central porque define, en gran medida, el monto final del pago al productor. Ese pago no depende únicamente del peso: también se vincula con la categoría del animal y la tipificación alcanzada. En otras palabras, el peso marca el “volumen” del producto, pero la tipificación define gran parte de su valor y su destino.
Color de carne y grasa: un atributo sensorial que el mercado mira
Aunque durante muchos años el color de la carne y de la grasa subcutánea no formó parte formal del sistema de tipificación argentino, sí se consideró en la práctica para estimar calidad. En distintos mercados, colores más claros (de carne y grasa) suelen asociarse con animales más jóvenes y con determinados sistemas de producción. Por eso, incluso cuando no está “escrito” como requisito, el color suele influir en decisiones industriales y comerciales.
Conformación carnicera: cómo se clasifica en Argentina y qué significa “J-U-N-T-A”
El sistema de clasificación y tipificación de Argentina tiene una historia larga: se originó en la década del ’40 y fue actualizado por última vez en 1973. Para evaluar conformación carnicera, se utilizan letras que forman “J-U-N-T-A”, correspondientes a la ex Junta Nacional de Carnes, organismo creado para controlar el comercio de la carne en el país.
Estas letras se convierten en grados de calidad para la categoría novillo, y se utilizan como referencia técnica para determinar mejor o peor conformación. Para las otras categorías, se emplean letras A, B, C, D, E y F.
Lo importante es entender que la conformación no es una cuestión estética: expresa cómo está distribuida la masa muscular y eso afecta rendimiento y destino. Una canal con mejor conformación suele permitir mayor proporción de cortes de alto valor y mayor eficiencia carnicera.

- Rosa: Consumo especial / Exportación
- Celeste: Consumo interno
- Amarillo: Manufactura o conserva
Este criterio sintetiza una idea clave: la tipificación define destino comercial. No es lo mismo una media canal destinada a cortes premium y exportación que una orientada a consumo interno o a uso industrial.
Engrasamiento: escala 0 a 4 y qué está demandando hoy el mercado
El estado de engrasamiento de cada media canal se determina con una escala numérica que va de 0 a 4, evaluando principalmente la grasa subcutánea (grasa de cobertura).

- 0: canal totalmente desprovista de grasa
- 4: canal con exceso de grasa de cobertura
En términos comerciales, el engrasamiento es una variable sensible: demasiada grasa puede ser penalizada por pérdidas en recortes y menor aceptación, mientras que la ausencia total puede afectar protección de la canal, rendimiento tecnológico y ciertos atributos sensoriales.
En Argentina, el mercado interno suele requerir mayoritariamente grado 1 o 2, y tiende a castigar los extremos: tanto la falta total de grasa (0) como los niveles excesivos (3 y 4). Esto refleja una búsqueda de equilibrio: la grasa cumple funciones tecnológicas y sensoriales, pero en exceso se percibe como desperdicio y reduce competitividad comercial.
Por qué estos parámetros importan en toda la cadena
Clasificación, tipificación, peso y color no son conceptos aislados: están conectados con decisiones concretas en producción, industria y comercialización. La canal que se obtiene en frigorífico sintetiza meses de decisiones previas (genética, alimentación, manejo, edad de faena) y, a la vez, condiciona todo lo que ocurre después (desposte, cortes, destino, rendimiento, precio).
Por eso, comprender estos parámetros es fundamental para:
- interpretar cómo se construye el valor en la cadena,
- anticipar rendimiento carnicero,
- orientar el producto a mercados específicos,
- y hablar el “mismo idioma técnico” entre producción, industria y comercio.
Formación y tecnología en AgroGlobal
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